23 de junio de 2017

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'Cómo duele crecer - Densidad', por Jorge Sánchez Herrera

“En planificación, el concepto de densidad es fundamental, pues determina dónde conviene concentrar población y dónde no”.

'Cómo duele crecer - Densidad', por Jorge Sánchez Herrera Foto: USI

Jorge Sánchez Herrera – Nómena Arquitectura
Arquitecto/Urbanista
jorge@nomena-arquitectos.com

Un profesor me decía siempre que la ciudad debía pensarse menos en términos de usos de suelo y alturas, y más en términos de densidad (cantidad de habitantes por hectárea) y morfología (forma). Es decir, si pensamos que la ciudad es un organismo complejo y dinámico, tiene poco sentido segmentarla por usos (residencial vs. comercial) y, más aún, creer que estas divisiones serán respetadas en el tiempo. Nadie impedirá que yo tenga un consultorio u oficina en mi casa. O que, ante una demanda insatisfecha, pueda abrir una bodega en mi garaje.

Por otro lado, junto al uso y el porcentaje de área libre mínima (que oscila entre el 30% y 40% de un lote), la altura es el otro factor determinante en la planificación de nuestra ciudad. Normalmente está asociada al ancho de la vía que el lote tiene al frente.

Por ejemplo: Siete pisos o 21 metros de altura para una calle de 14 metros de ancho. O el muy común 1,5 (a+r), donde la altura del edificio puede alcanzar 1,5 veces el ancho de la calle (a), incluyendo ambos retiros ®. Y si bien la altura no está necesariamente ligada a la densidad, pues un edificio alto con mucha área libre podría tener la misma densidad que uno más bajo pero con poca área libre, en Lima, donde el área libre mínima es un valor fijo que se mide a nivel de calle, la altura sí va de la mano con la densidad. Al menos así sucede en los edificios nuevos que se construyen formalmente.

Esto significa que en lotes frente a avenidas anchas o frente a algún parque, se podrían hacer edificios muy altos; o sea, muy densos. Pero ya dije que la densidad no debería estar necesariamente vinculada con la altura (esto da para la siguiente columna) y, sobre todo, la densidad no debería estar determinada por el ancho de las calles. Pensemos, por ejemplo, en los casos de Juan de Aliaga (Magdalena) o Sergio Bernales (Surquillo), dos avenidas que se han consolidado con multifamiliares de gran altura, siguiendo la fórmula del 1,5 (a+r). Pero pensemos: ¿Realmente debemos concentrar tanta gente en esos lugares, solo porque ambas avenidas son relativamente anchas?

Y aquí vuelvo a mi primer punto. En planificación, el concepto de densidad es fundamental, pues determina dónde conviene concentrar población y en dónde no.

Entonces, la densidad debería estar relacionada con dos factores: el acceso al transporte público y la cercanía a equipamiento, servicios públicos, centros de trabajo, etc. Por eso, en ciudades como Londres, Transport for London (autoridad única del transporte) no solo administra el transporte público, sino que está estrechamente vinculada con la planificación del crecimiento y diseño de la ciudad, en base a cómo piensan que la población se moviliza y puede movilizarse en el futuro.

Aquí, nosotros vivimos a años luz de eso. Nuestra autoridad única del transporte ni siquiera existe. Pero cuando lo haga, debería trabajar junto a la autoridad metropolitana de planificación para que la inversión en transporte –llámense líneas de Metro o Metropolitano– vaya de la mano con zonificaciones que permitan densificar la ciudad a lo largo de estas líneas, por ejemplo. Claro, para eso, primero debe existir una autoridad metropolitana de planificación.

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